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Mi nombre es Laura y nací en Barcelona, en febrero de 1994. Despertar temprano con las primeras luces del día tras la ventana, escuchar las historias de quienes me rodean, la naturaleza, la belleza de lo sutil, lo frágil, lo volátil de la vida... son algunas de las cosas que más me conmueven, que más me inspiran. Escritura y fotografía son parte de mis días, de mis rutinas, las formas en las que intuyo que mejor puedo contar cómo veo y siento la vida. 

Tal vez porque siempre he sido tímida y de sentirme más cómoda en las distancias cortas, la escritura es la forma en que mejor consigo expresarme; como quien susurra un secreto al oído, descubriéndose sin alzar la voz. Siento que escribir forma parte de mis raíces. Es algo que viene de tan lejos, que hago desde hace tanto... que no soy capaz de precisar en qué momento lo descubrí, cuando fue que me di cuenta que nada me conmovía más que articular ideas a través de las palabras, que pocas sensaciones eran comparables a lo que sentía entrelazando letras. A menudo invento mis propias reglas y aunque sé que nunca es perfecto, pongo mi alma en ello; en cada línea, en cada texto... y nada me importa más que eso. Creo en las historias que nacen de lo más profundo del alma, como una llamada, como un latido... aquellas que surgen de la urgencia de expresarme o dar sentido a ese raudal de emociones que no puedo ni quiero frenar; de la necesidad de ordenar pensamientos que se agolpan de forma caótica, buscar mi espacio o mirar hacia adentro para entenderme. Creo en la escritura como una forma de expresión sin límites, para dejarme ser sin miedos ni artificios, con libertad. Quizá es que sigo viendo la escritura como cuando empecé a entrelazar mis primeras letras; con mirada inocente, con ojos de niña.


Durante el verano de 2012, en un momento lleno de cambios y dudas sobre el futuro, sentí la necesidad de poner en orden todas esas sensaciones previas a un comienzo, de dejar volar mi imaginación en una hoja en blanco, en un cuaderno que olía a nuevo... Así fue como volví a encontrar tiempo para mí, para escucharme, conocerme y comprender qué era lo que realmente me movía, aquello con lo que realmente disfrutaba; para reencontrarme mientras creaba con mis manos, fotografiaba y escribía en un blog que hacía las veces de diario. Desde entonces, mi trabajo está en constante cambio, surge sin reglas ni límites, sin fechas ni tiempos marcados; como un fiel reflejo de lo que soy en cada momento, sin buscar nada en particular, tratando de fluir como lo hacía cuando era niña... Mientras rebusco en ese impulso que me empuja a capturar instantes, atesorar emociones y guardar recuerdos en forma imágenes y textos, trato de aprender a dejarme llevar, explorar nuevos caminos, encontrar mi verdadera esencia, mi propia voz en este mundo salvaje. Y lo hago en este espacio, mi espacio, como un liezo que va llenándose de trazos improvisados... mientras crezco, aprendo y cambio.

¿Me acompañas?